miércoles 13 de julio de 2005

Niña garabato


Una niña garabateada y no conforme. Quiero decir que a ella -y no es tan extraño lo que digo- le gustaría haber sido la misma niña pero con un toque pastel o acuarela, un poquito pintarrajeada bajo un solecito con cara de risa o con algún pajarillo que vuela cerca de las nubes con forma de “uve” extendida o que bosteza estirándose todo lo que puede. Se queja porque el ilustrador apenas le dedicó tiempo, como otras tantas veces que mancha el papel con desgana y luego hace una pelotita que lanzará al cubo de los garabatos, garabatos que del cubo a la gran bolsa de basura terminan triturados de manera ecológica. ¿Alguna vez escuchaste el llanto de un garabato cuando está siendo aplastado? Sería demasiado horrible como para ser contado aquí. El mismo papel en el que traza a la niña es un mal papel de desecho, del tipo que uno usa para hacer las cuentas emborronadas o envolver emparedados de crema de cacahuete, que son unos emparedados que sólo se ven en las películas de dibujos o en alguna teleserie, pero que nadie se atrevería a decir que existen de verdad.

La niña garabato echa de menos los días normales de niña normal, cuando desayunaba pan con mantequilla y luego lo mojaba en la leche. En realidad, aquellos días fueron ayer y antes de ayer, porque la edad de las niñas garabato no suele sobrepasar los 6 o los 7 días, que es el tiempo que tarda en despejar la mesa un ilustrador ordenado medio. Medio el ilustrador y medio el tiempo que tarda. Se han dado casos -se siguen dando- de niñas garabato que llegaron a alcanzar las dos semanas de vida y, cuenta cierta leyenda urbana que en Japón, un dibujito manga pasó más de tres meses olvidado en un cajón, agonizando y a oscuras. Seguramente sea algún extraño rumor que se extiende a la velocidad de la mirada de un niño que pregunta cosas difíciles, como aquella historia del gatito amnésico que tocaba el piano, o esa otra de un músico callejero que encerraron en una botella de cristal y al que alimentaban a través de un tubo. ¿O era al revés?.

Ilustración: © María Fernández

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7 desvarí­os:

Anonymous Anónimo opina que...

Amigo, usted tiene un don para escribir historias. Al menos para inventar historias que de la nada surgen y se materializan. En cualquier caso, usted también tiene un don, no sé si el mismo que la gran Violeta, pero uno. Uno propio.

Afectuosamente.

Lazlo.

12 de julio de 2005 19:24  
Blogger Omar Muharib opina que...

Lazlo tiene razón, y además, ya era hora que alguien tocara el espinoso tema de los emparedados de cacahuete...particularmente yo creo que solo existen en los guiones de teleseries estadounidenses para exportación, existiendo el aceite de oliva , ¿quién se plantearía comer esas guarrerías?

12 de julio de 2005 23:17  
Blogger fiamma opina que...

holaaa
holaaa
sabes??
a veces me he sentido una niña garabato.. eso es malo? muy pokas veces pero.. loke cuentaa es ke si me he sentido.. asi
visitaa mi blog no?

13 de julio de 2005 7:13  
Anonymous matilda opina que...

Estoy de acuerdo con Omar y Lazlo, tienes un universo dentro y es fantástico que decidas compartirlo. saludos desde el país de las tizas y los lápices de colores.

13 de julio de 2005 18:45  
Anonymous Anónimo opina que...

He pasado varias veces a leerte y siempre encuentro algo que me incita a volver. Pero ésta niña garabato es de una ternura infinita. Gracias por sumar belleza al mundo. Julieta (Argentina)

14 de julio de 2005 5:03  
Blogger Rosa Silverio opina que...

Me encanta. No sólo porque muchas veces yo también me siento como una niña garabato, sino por toda la delicadeza que rezuma.

Ro

14 de julio de 2005 16:24  
Anonymous Yo también quiero opina que...

Yo también quiero ser un garabato, tener vida propia algún día, y que me escriban un cuento tan bonito como el tuyo. ¿Dónde se echa el CV?

15 de julio de 2005 21:19  

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