jueves 25 de agosto de 2005

Amanda y Amado

Amanda sostiene que las relaciones -el amor en particular- son como saltar a un vacío en el que finalmente terminas rompiéndote los huesos y el alma. Es cuestión de ver cuánto dura el trayecto hasta el impacto final. Lo compara con lanzarse desde un edificio de varias alturas, y que según la distancia, la relación acaba antes o después, pero que siempre acaba. Mientras tanto, de lo que se disfruta es del dejarse llevar o caer, aunque luego todo es un mismo estallarse contra el suelo que no es otra cosa que la propia realidad. Ella sostiene toda esa teoría porque sabe que le queda poco para el final, porque nunca le duró nada o nunca le duró bastante, porque se siente cómoda en esa idea de pérdida continua, y además o sobre todo, porque decidió comenzar una relación con fecha de caducidad de la que siempre estuvo sobre aviso. Aviso que ahora comienza a tomar la forma inequívoca de una certeza que sostiene la mirada desafiando.

Amanda le cuenta todo eso a Amado, que hace no tanto que se estrellaba por última vez -una de tantas- incluso con (o a causa de) la misma Amanda, que ahora se siente extraña hablando con él del amor que siente por otro hombre, aunque le anima saber que puede hacerlo y que eso, de una manera o de otra, le ayuda aunque no le cura. Le sirve el ejemplo de historia vivida junto a Amado como muestra de un tiempo que pasa y aplaca las heridas. Amado escucha, le importa el parecer de Amanda y le entristece pensar que lleve razón. Le gusta pensar que todavía no es hora de perder la fe en la fórmula de dos, siendo que otros modelos de organización le convencen más bien poco. Escucha a la par que se pregunta, que se imagina a sí mismo describiendo una trayectoria, no sabe si de tipo ascendente o descendente, ni la altura que ocupa en ese instante, tampoco cuánto queda para el impacto final. Sabe que el dolor va quedando en un lugar presente pero distante, ocupando el sitio de los regustos amargos y teniendo por seguro que el tiempo hará el resto.

Se interrumpe de manera brusca la reflexión cuando escucha el golpe seco, afuera, en la calle. No hace gesto de salir a mirar porque descifra bien lo que ocurre, porque quizás se acostumbró a las caídas, a los trozos de cristal y las muecas desencajadas por el dolor de los que no entienden nada –o que no quieren entender- porque ahora comienza a agolparse la gente alrededor y no tardará en llegar el Servicio de Recogida de Corazones Rotos que el ayuntamiento pone en funcionamiento cada comienzo de temporada. Se escuchan las sirenas y el claxon de alguien que lleva prisa por llegar a la oficina, abajo, un agente regula la circulación con la mirada perdida, clavada en Amanda.

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5 desvarí­os:

Anonymous Txus opina que...

Simplemente precioso.

25 de agosto de 2005 16:42  
Anonymous Bea opina que...

No me explico de dónde sacas todas esas historias, tan breves pero intensas, con esa capacidad de diseccionarlo todo tan increíble, como si salieran de un análisis tan exquisito de todo.

Tienes un don, deberías publicar.

25 de agosto de 2005 22:21  
Anonymous abrazadora opina que...

Maravilloso relato. Me uno a todos los demás. También opino que deberías publicar.

Besos

26 de agosto de 2005 14:25  
Anonymous Anónimo opina que...

Me encanta... simplemente eso :). Opto por un amor al 100%, pero sin que ello suponga una caída total hacia la nada. Prefiero que subamos juntos de la mano.
Un besote !!

Tharsis

27 de agosto de 2005 22:26  
Blogger Pau opina que...

Me agradó mucho el cómo describiste los puntos de vista de ambos personajes.
Se agradece tan buena lectura... seguiré disfrutando de tu blog.
Y claramente debes publicar todo esto.

Saludos.

29 de agosto de 2005 4:58  

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