Temblar o recordar cómo se encoge la barriga de gusto, temblar de frío porque no estás o temblar como quien pide sopa caliente porque estás, el caso es temblar , ver que viene lo que hace tiempo que no llega y entonces quedarse esperando y mirar a las musarañas, que nunca supimos muy bien lo que eso significaba y que nadie -además- nos explicó qué tenía que ver un animalito tan pequeño con quedarse esperando tontamente algo tan grande.
Puestos a pedir, que todo ocurra en el cuarto, en un huequito bien abierto a tu lado, prometo aprender tan pronto delimitemos el perímetro, tú solo tienes que enseñarme a temblar, como cuando hubo una vez y fue la primera, y luego puede que vinieran otras que ya no recuerdo, y nadie supo, o nadie del mismo modo, ya sabes, temblar de ganas, de tanto abandono o tanto amontonarse un escalofrío tras de otro, prometo aplicarme, en realidad yo vine por el anuncio a gritos de unas pestañas asombradas que no saben dónde aterrizar.
Sé que no siempre fui del todo leal, quizás porque pensaba que temblar, lo que se dice temblar, se tiembla siempre, pero visto lo visto, creo que no estaría de más empezar de nuevo , aprender de cero a temblar, recordar (intuir) aquel abrazo , el primero, y esa forma de mirar que no supe ver después de aquella ocasión , aunque casi, y luego un acercamiento , un pedir permiso y tu manera de tantearlo todo, de darte a conocer, luego las ganas de estar a solas a pesar de la gente, y sí , lo sé, no siempre fui del todo sincera, no siempre, iba y venía, a veces creo que me escapaba lejos , escapar porque había que volver, lo mismo que perderse -ya sabes lo que dicen- para encontrarse, no sé, nunca fue fácil ni falta que hizo, pero yo sé que temblar, lo que se dice temblar , de aquella manera , como nosotros temblábamos, nunca más.
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