
En la escuela nos dijeron que la jirafa es el animal más entrometido que existe y que por eso tiene el cuello tan largo: de tanto estirarlo para ver más allá de las nubes y las estrellas. Las jirafas, que normalmente son de género femenino (¿acaso alguien vio alguna vez un jirafo?) se enamoran de camellos o de dromedarios (género masculino) que son particularmente serios y responsables, pero muy galantes y bonachones. Además, los camellos siempre están comiendo chicle, sobre todo cuando los fotografías.
Julieta espera desconsolada a que vuelva Zacarías, que siempre está trabajando mucho dando paseos a los turistas que visitan el desierto o repartiendo los regalos de los Reyes Magos. Julieta se entretiene tejiendo bufandas o escuchando boleros, aunque lo que más le gusta hacer es jugar con sus amigas a camuflarse entre las enramadas y ponerse guapa retocando las manchas de su cuerpo con nuevos diseños. Lo más curioso de todo es que, a causa de su largo cuello, la cabeza y el corazón están tan lejos que los sentimientos le llegan con media hora de retraso con respecto a los pensamientos.
Cuando cae la noche y no puede dormir, suele esperar subida en lo alto de una torre, porque una vez escuchó que las enamoradas siempre tienen que esperar la llegada de su galancito en sitios altos y cercanos al cielo, eso incluye también a la jirafa, aunque sea el animal más alto de todos y no necesite escaleras ni ascensores. Julieta está triste porque echa terriblemente de menos a Zacarías, que anda haciendo horas-extra transportando exploradores en la Gran Sabana, que es como un mundo perdido dentro de otro mundo perdido y así hasta que alguien lo encuentre.
Julieta llora y llora, a veces deprisa, a veces a cámara lenta, a veces se duerme y a veces descansa -siempre de pie- pero sigue llorando incluso en sueños, y las acacias (que se han quedado sin hojas porque se las comió todas Julieta) se despiertan sorprendidas y se preguntan unas a otras qué está pasando, -¡Está lloviendo! ¡Está lloviendo!- y extienden sus ramas como si fueran manos que quieren acariciar a Julieta. Pero no es lluvia, no es lluvia, son las lágrimas de Julieta que está muy preocupada porque Zacarías olvidó la bufanda y con la edad se está volviendo muy friolero.
Ilustración: © Cecilia Varela
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