Miradas
La única respuesta fue el silencio y las preguntas que se hicieron más tarde a causa de ese mismo silencio.
Ahora las cosas son así, muy distintas, pero todo en la vida se mueve y avanza tomando su tiempo, su forma y espacio, adueñándose de los huecos que quedaron vacíos en otro lugar. Quizás los llenaron a su modo y de otra manera. Quizás los protagonistas cambiaron de reparto.
Ella, como no podía ser de otra forma, también hablaba desde sus ojos ausentes, ojos de pestañas melancólicas que no sabían dónde depositar la mirada. Él terminaría siendo básicamente una mirada que temblaba cada vez que ella giraba el cuerpo y le esquivaba en la cama, incapaz de recuperar el sueño profundo, el tiempo perdido y la calma en definitiva. De ese modo dejaban sus pensamientos colgando de la araña de cristal que presidiría el deterioro completo de la relación. De tarde en tarde, en los días más tontos, acostumbran a hablarse en la distancia, desde sus miradas apátridas. Lo peor de todo es la pegajosa sensación que les queda por no saber el motivo que les condujo a guardar todo aquel silencio y si no hubiera sido posible rescatar algo más de entre las ruinas. De momento, de esa época, sólo conservan un par de miradas dolientes y una fotografía rota por la mitad.
Ilustración: © Cecilia Varela
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