Día de perros
Muy raro todo. Eso y el codo de la tubería del fregadero, que se sale, y que seguro que fue el detonante de su primera ración de cuernos, tuvieron que llamar a un fontanero que no tendría más de dieciocho primaveras, que andaba aprendiendo la profesión familiar y que entre ñapa y ñapa se entretenía –cómo no- amasando los pechos de las señoras hartas de la vida y necesitadas de contar algo interesante en las meriendas caseras de Stanhome. Claro.
Claro que lo último que imaginaba era lo de la junta de la culata, porque mira que es jodida una reparación de esas, lo dice el del taller, con su palillo en la boca y todo, mientras se rasca la cabeza y después los huevos.
Seguro que de trescientos no baja,
déjeme puestas las llaves que yo intento hacérselo rápido,
pero ya ve cómo andamos de trabajo,
que la gente lo quiere todo para antes de ayer.
Antes de ayer había sido un día un poco menos cabrón, eso es lo que piensa, al menos un día sin sobresaltos, sin grandes cataclismos, un día sólo para dejar pasar, además, le gusta arrancar la hoja del calendario de la parroquia que lleva colgado en la cocina ni se sabe, que tiene unas manchas de grasa en el mes de Abril y algunos restos de comida en un domingo veintisiete.
Veintisiete son los euros que le quedan para acabar el mes y están a día ocho de uno de los meses largos del años: cómo hacer para llegar a treinta y uno y sobrevivir a los recibos y a Desgana copulando sudoroso sobre su mujer, o igual ni eso, a lo mejor sólo la apoya contra el fregadero (no quiere ni pensar que fue así como empezó a gotear el codo) y terminan en dos minutos, sin bajarse los pantalones. A veces, se sienta en alguna plaza para no llegar tan pronto a casa, se busca en los bolsillos, encuentra cinco euros de los veintisiete que le quedan y que tan a gusto se gastaría en una cerveza o en un bote de lejía para tomarse de un trago, luego suele cambiar de idea y compra un paquetito de castañas que le llevará a su mujer, que seguro que ha tenido un día peor que el suyo, porque las meriendas de Stanhome son harto aburridas y porque tiene que sufrir a Desgana que, al fin y al cabo, es un tipo desagradable que se encarga de mantener entretenida a su Paqui, la pobre, todo el día tan solita y tan venida a menos.
Ilustración: © Cecilia Varela
Etiquetas: Cecilia Varela, Cuentos




